Las tres grandes opciones para superar la crisis de la economía del conocimiento en España

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Las tres grandes opciones para superar la crisis de la economía del conocimiento en España

Activar “la reforma del mercado laboral”, “facilitar la creación de empresas y hablar de la importancia de la innovación”, aunque es insuficiente. La clave está en “abordar reformas que están sobre la mesa” y “reformar el sistema educativo” para “acercarnos a la primera división”, dice el economista Ramon Marimon

La crisis por la que atraviesa España ha restringido de forma muy significativa la financiación destinada a la economía del conocimiento que, a día de hoy, no es suficientemente competitiva para una sociedad avanzada como la española. Al mismo tiempo, no se han emprendido las reformas necesarias para avanzar en este terreno.
 
A pesar de que en algunos aspectos la sociedad del conocimiento ha avanzado, creciendo entre 2001 y 2009 en número de investigadores (57,6%), y de que el gasto en I+D sobre el PIB ha pasado del 0,91% al 1,38%, “en conjunto aún falta para llegar a la primera división”, asegura Ramon Marimon, director del Max Weber Programme y profesor del European University Insitute y de la Universitat Pompeu Fabra.
 
En un artículo de opinión publicado el pasado 11 de enero en el diario El País, Marimon considera que “para ser más competitiva, nuestra economía del conocimiento requiere financiación, pero también reformas”. Parece evidente que la gravedad de la crisis económica “puede restringir lo primero, pero no hay justificación para hacer lo segundo”, añade.
 
El también presidente de la Barcelona Graduate School of Economics y ex secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica (2000-2002) destaca en su artículo que “el conjunto del sistema universitario y de investigación, mayoritariamente público (el 72% de los investigadores en 2009), no se caracteriza por ser abierto e internacionalmente competitivo, y la innovación es todavía minoritaria en el sector privado”.
 
Además, subraya que “un problema parecido, diría aún más grave, aparece en la raíz de nuestra economía del conocimiento: la educación”, y muestra algunos datos sobre la baja calidad escolar y el fracaso del sistema educativo español, corroborados por el Global Competitiveness Report 2011-2012 o el informe PISA de la OCDE (2009).
 
La necesidad de abordar reformas
 
Así las cosas, Marimon insiste en que “nuestra economía del conocimiento requiere financiación, pública y privada, pero, en particular, requiere reformas que la hagan más competitiva”.
 
“No creo que sea la hora de entonar el canto keynesiano: ‘Las restricciones van a traer más recesión’, sino de seguir el consejo de Milton Friedman: ‘La mejor guía sobre qué hacer en el corto plazo es seguir los objetivos a largo plazo’ Ganar la batalla de la credibilidad fiscal, mostrando que somos capaces de resolver el problema acuciante de la deuda, es un objetivo a largo plazo; pero no es el único”, sugiere.
 
Ante este escenario, el experto profesor de Economía cree que “dando por descontado que respecto a la credibilidad fiscal se va a actuar con decisión, como se está haciendo, y esto requiere esfuerzo de toda la sociedad, hay tres opciones en relación con nuestra economía del conocimiento”.
 
“Reformar el mercado laboral”
 
La primera opción que plantea Marimon es “simplemente considerar los gastos públicos en investigación y educación un gasto más a recortar y, dado lo complicado de la situación, dejar las reformas para mejor tiempo”.
 
Pero, al mismo tiempo, “eso sí, al menos abordar la reforma del mercado laboral, facilitar la creación de empresas y hablar de la importancia de la innovación. No es trivial, pero insuficiente”, advierte.
 
“Excelencia y competitividad”
 
Una segunda opción se refiere a “evitar que los recortes presupuestarios hundan la punta del iceberg que nos hace visibles al mundo (programas como el de centros de excelencia Severo Ochoa pueden ayudar a ello) y, afectando también la línea de flotación, abordar reformas que están sobre la mesa”.
 
El economista pone como ejemplo que “la nueva Ley de la Ciencia puede servir de base para algunas de estas reformas (una agencia nacional de financiación de la investigación, utilizando la herencia de la ANEP pero independiente, una mayor autonomía del CSIC y otros organismos públicos de investigación, posibilitando una mayor integración con los centros de excelencia de las comunidades autónomas y transparencia para la transferencia tecnológica, etcétera)”.
 
“Excelencia y competitividad han de ser los baremos para estas reformas estructurales y la consiguiente asignación de recursos. Teniendo en cuenta que esto no solo quiere decir ser competitivos en investigación punta fácilmente traducible en innovación o adaptación de nuevas tecnologías, sino también en investigación de servicio que permite evitar mayores desastres”, señala.
 
“El sistema educativo, a primera división”
 
Por último, Marimon propone en su articulo que una tercera opción es “reformar además el gran cuerpo menos visible del iceberg: el sistema educativo. De forma que nos acerquemos a la primera división, como Finlandia, o que en el ranking de universidades del Times Higher Education no nos limitemos a tener solo una entre las primeras 200.
 
Se trata, pues, de “tres opciones de creciente complejidad y coraje para su implementación”, pero necesarias para obtener “un buen baremo para medir nuestra credibilidad en perseguir objetivos a largo plazo como el conocimiento y la competitividad que garanticen nuestro crecimiento”, concluye.
 
 
Fuente: forumlibertas.com
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